Cocodrilos: producto del deseo de llevar a Caracas a la élite del baloncesto

Cocodrilos de Caracas: 30 años de triunfos y ejemplo
14 junio 2020

Cocodrilos de Caracas está en su mes aniversario. Hoy cumple 30 años de existencia. No es casualidad que la organización rápidamente se haya convertido en ejemplo para otras instituciones, y que además lograra brillar en el tabloncillo. Siempre estuvo destinada a ello ¿Por qué? Porque nació y fue diseñada con un único -y muy anhelado- objetivo: el deseo de llevar a la ciudad capital a lo más alto del baloncesto.

¿Cómo nació Cocodrilos de Caracas?

El deseo fue cultivado por un auténtico visionario: el Doctor Guillermo Valentiner. Tras contar con el Caracas FC, decidió expandir su impacto en el deporte nacional. Y en qué mejor disciplina que la más arraigada y publicitada para aquel entonces: el baloncesto.

Jhonny Fernández, primer entrenador del equipo saurio, explica que la escuadra antecesora, Halcones de Caracas, tenía su núcleo de fanáticos, pero no estaba ganando. “Casi todos los equipos eran competitivos. Pero Caracas se había quedado atrás ante Guaiqueríes, Trotamundos y Marinos”.

Por ello se gestó el interés. El Doctor Valentiner estaba muy ligado con el deporte. Incluso en el béisbol tuvo un equipo en la liga de verano, pero no cuajó y desistió. Él creó las bases luego de formar una directiva y nombrar a un emisario especial para que gestionara la compra de los Halcones de Caracas. Este emisario fue José Castro.

Castro comenta que personal del Grupo Vargas le hablaba de baloncesto al Doctor Valentiner. Para la época, como se comentó previamente, este deporte adquiría cada día mayor auge. Tenía un impacto muy grande.

Aunado a ello, el sentimiento de arraigo con la ciudad capital era muy grande. Según comentó Castro, hubo un acercamiento con la directiva de Panteras de Miranda. No obstante, el Doctor decidió que se adquiriera la franquicia de Caracas, por comprender a un núcleo más grande de fanáticos y precisamente por ese cariño que le tenía a la capital.

Al final de la temporada de 1990, en la que la divisa capitalina se quedó a la puerta de clasificar a postemporada, Guillermo Valentiner, por medio de Castro, le compró la franquicia Halcones de Caracas a Armando de Armas Jr. y Fernando de Armas. Así nació Cocodrilos de Caracas. La meta era clara: llevar al equipo a lo más alto del baloncesto.

Fue cuestión de un par de años para que los deseos del Dr. Valentiner se materializaran. No obstante, sin las bases sentadas en la primera temporada, nada hubiese sido posible.

Difíciles primeros pasos

Después de definido el nombre de Cocodrilos de Caracas, y tras ser el equipo presentado ante los medios, se realizó el nombramiento de Jhonny Fernández como entrenador para la campaña debut.

Fernández fue el último coach de Halcones de Caracas. Cerró de gran forma la temporada de 1990 y obtuvo la confianza de la directiva sauria.

En cuanto a la conformación de la plantilla, resalta Tony Dawson. Él era un anotador prolífico en la CBA, que hacía las funciones que hace hoy la G-League con respecto a la NBA. Se puede catalogar como el primer importado de peso que se colocó la camiseta de Cocodrilos de Caracas.

La plantilla que conformó al equipo en su primer año fue la siguiente: Alejandro Ovalles. Alexander Vargas, Ernie Graham, Jeff Jenkins, Jerome Herderson, José Bello, Julio Bolívar, José Echenique, José Mendoza, José Ramey, José Slaugther, Ludwing Irazabal, Marcos Mejías, Marty Hembry, Octavio Contreras, Pedro Conde, Ransley Delis, Rolman Toro, Rubén Rada y Tony Dawson.

La inexperiencia y la falta de química pasó factura. La escuadra apenas aprendía a caminar. “No comenzamos bien. No comencé bien. Perdimos los seis primeros partidos. Y después de duez encuentros no estaba bien la relación en la plantilla”, señaló Fernández.

Jhonny Fernández dejó de ser el entrenador principal, y pasó a ser el asistente técnico. Llegó el mítico Pedro “Camagüey” Espinoza, múltiple campeón de Venezuela. Los esfuerzos fueron insuficientes para dicho año. Cocodrilos culminó sexto en la tabla, sin posibilidad de acceder a Playoffs.

Para Castro, fue un año de aprendizaje en todos los aspectos. De relacionarse en un entorno nuevo y hasta el momento desconocido. Un año regular solo fue parte del proceso. “Al Doctor no le gustaba perder, siempre estaba en búsqueda de equipos competitivos”. Eso se evidenciaría al año siguiente.

Camino al éxito

Para la siguiente temporada, la directiva quería probar una estrategia distinta en lo que a dirección del equipo se refiere. Por esa razón fue contratado Mike Hanks, nombre que casualmente recomendó Fernández.

Castro considera que la clave del éxito de aquel equipo de Hanks se basó en su relación con la plantilla. La famosa química. “Él (Hanks) manejaba el aspecto psicológico como nadie”.

Además, Mike tuvo a un gran acompañante a su lado como asistente: Bruno D’Addezio; a quien el propio entrenador estadounidense lo calificó de “extremadamente inteligente”. Lo mejor de los dos mundos: el táctico y el mental. Combinación ganadora.

La base criolla mejoró considerablemente. Era necesario. Para dichas fechas, solo se utilizaban dos importados, por lo que el aporte nacional adquiría mayor relevancia. Llegaron jugadores como Ely Rondón, David Díaz y Rostin González, quienes serían jugadores claves al momento. Mención especial para el trabajo de Marta Bryant, quien fue muy importante en la conformación del equipo desde su nacimiento.

El rumbo del equipo dio un salto gigante. Tan grande que se tradujo inmediatamente en un título ganado frente a 10.000 personas, aun cuando el Parque Naciones Unidas estaba diseñado para albergar “solo” 6.000 almas. El resto es historia.

En un abrir y cerrar de ojos, Cocodrilos de Caracas se posicionó en lo más alto del baloncesto venezolano. Contra todo pronóstico, al menos de aquellos que no consideraron en su análisis el deseo del Doctor. El equipo pasó de no clasificar a postemporada, a obtener una condecoración por parte del alcalde de Caracas en la Plaza Bolívar.

Cerramos con la descripción que Mike Hanks nos brindó de Guillermo Valentiner, que no requiere de mayor explicación: “El Doctor Valentiner era maravilloso, es la mejor persona que he conocido. Él solo quería crear un equipo campeón”. Y vaya que lo logró. Así fue como Caracas se abrió paso y empezó a construir su propio legado en el deporte venezolano.

Escrito y fotos por: Prensa Cocodrilos de Caracas.