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Buen viaje, Doc

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Kelvim Escobar se queda callado por un momento, aún procesando la noticia que recién recibió y los recuerdos vienen a su memoria.

“Roy Halladay siempre fue fanático de los aviones”, suelta al acordarse de una anécdota. “Recuerdo que cuando estaba en Toronto, él tenía un simulador que era un avión virtual, siempre se la pasaba en eso. A veces iba temprano al estadio y volaba un avioncito a control remoto. Siempre le gustó eso”.

Esa era, después del béisbol, la otra pasión de uno de los mejores pitchers de los últimos veinte años en las Grandes Ligas.

Hace poco menos de un mes contó en su cuenta en Twitter que adquirió una aeronave que puso fin a su vida de manera trágica en un accidente aéreo, este martes, informó el jefe de policías del condado del Golfo de México, a través de la red social de los 280 caracteres, dejando impactado al mundo del béisbol que aún se recupera de la pérdida de José Fernández en un accidente similar, el año pasado.

Halladay tenía apenas cuarenta años de nacido.

“Se me salieron las lágrimas”, confiesa Escobar al otro lado del teléfono. “Me cayó muy mal la noticia”.

El varguense y el estadounidense fueron parte de aquella prometedora rotación que los Azulejos de Toronto formaron a mediados de los noventa. Un quinteto que incluía al venezolano, al recién fallecido lanzador y a Chris Carpenter. Los dos últimos consiguieron tres premios Cy Young, en conjunto.

Escobar, por su parte, es uno de los 27 lanzadores de toda la historia con cien triunfos, más de cincuenta salvados y más de 1000 ponches propinados.

“Éramos las niñas mimadas”, rio el ex grandeliga venezolano. “Nos conocimos como en el año 1995 o 1996, estábamos en la liga de novatos. Él era un chamo joven, lleno de vida y muy familiar”.

En 1997, el elenco canadiense decidió enviar a Halladay a Venezuela a jugar con Cardenales de Lara, quienes sostenían una muy buena relación con Toronto.

“Cuando supo que venía a jugar con Cardenales, me preguntó mucho sobre el país y la cultura para saber cómo era”, rememoró. “Cuando llegó se la pasaba conmigo porque nos conocíamos de ligas menores y me tenía mucha confianza. Venía a mi casa, compartía mucho conmigo en Barquisimeto. Jugamos juntos en Rookie, Doble A y Triple A”.

El “Doc” abrió cinco juegos en la ronda eliminatoria, dejó efectividad de 1.64 en 22 episodios, con nueve ponches y tres bases por bolas. En la postemporada completó 36 entradas con 3.25 de efectividad. El estadounidense ganó el segundo partido de aquella final, en la cual fue parte de una rotación de ensueño que incluía a Giovanni Carrara y Edwin Hurtado.

Escobar también se hallaba en esa brillante camada que armó la gerencia larense, allí dividió su pasantía con los alados entre abridor y relevista, aunque en la final apoyó desde el bullpen.

“Recuerdo el partido que lanzó en la final, cerré el juego que quedamos campeones”, rememoró con exactitud.

Aquello fue un día después que Bob Abreu dio el jonrón ante Tim Crabtree, lo que obligó a la realización del séptimo partido que ganó Cardenales para obtener su segundo cetro de por vida en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, lo que sirvió de antesala para que tanto Escobar como Halladay demostraran lo que venía para ambos en el mejor béisbol del mundo.

El norteamericano, en lo sucesivo, se convirtió en el pitcher con más juegos completos (67), el sexto con más victorias (203), el octavo con más episodios lanzados (2749.1) y el décimo quinto con más ponches (2117) considerando el período 1998, cuando debutó en Grandes Ligas, hasta 2017. Además, en 2010, se convirtió en apenas el segundo lanzador de la historia con un juego sin hits en postemporada, amén de sus ocho viajes al Juego de Estrellas y sus dos premios Cy Young.

“Una de las cosas que me llamaba atención de él era su preparación”, siguió el criollo recordando a su ex compañero. “Sobre todo la mental. Nosotros siempre entrenábamos juntos, hacíamos la misma rutina, corríamos juntos. Me duele muchísimo su partida porque compartí con él”.

Y tal fue la unión entre ambos que aún, con cariño, Escobar recuerda el último encuentro que ambos sostuvieron en Estados Unidos. Aquel año, el venezolano tenía oportunidad para competir por el preciado galardón al mejor pitcher del año en la Liga Americana. Tenía 3.40 de efectividad, 18 victorias, 160 ponches y 195.2 entradas, pero en el último mes de esa zafra sufrió lesiones y tuvo una efectividad de 7.99 en septiembre de 2007.

“Yo tenía muchos méritos para ganar el Cy Young, pero las dolencias en el último mes de temporada me hicieron daño”, expresó el venezolano. “Por esos días hablamos y él me recordó que cuando éramos jóvenes nos decían que los tres (Halladay, Carpenter y él) teníamos repertorio para ganar ese premio. Y que esa era mi oportunidad para obtenerlo”.

Esas molestias, al final, no dejaron a Escobar continuar con su carrera en las mayores y perdió contacto con Halladay, pero todavía tienen muchos recuerdos juntos, después de todo fueron más de ocho años compartidos en Toronto, los cuales el pitcher oriundo de La Sabana retrató en estas líneas como un homenaje póstumo para el recién fallecido lanzador.

Buen viaje Doc.

Por: Marcos Grunfeld / @Bvenezolano

Foto: Zimbio.com

Redacción Sportsvenezuela.com

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